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UN ESTIGMA DIFÍCIL DE DESHACER.

Lo que voy a explicar hoy, no es ninguna novedad. De hecho, seguramente es un tema del que se habla diariamente en cualquier coloquio de estos banales que creamos las mujeres  con el propósito de reírnos un rato, que es lo que queremos cuando estamos juntas.  Creo, que los temas más comunes son los que incitan a la comunicación, a la empatía y a la sonrisa.  Pues bien, el tema que quiero sacar hoy a relucir es el de la menstruación de las mujeres y todo lo que eso nos acarrea, el tenerla, el no tenerla. Es como si marcara nuestra vida. Mira que llega a haber fluidos en el cuerpo, y este siempre es el que incita más curiosidad por parte de los dos sexos.  Si analizamos los anuncios comerciales de compresas, tampones y salvaslips, casi todos hacen aparecer a las mujeres como personas ingenuas, inseguras y con una predisposición como de comunicar que están dispuestas a aceptar el reto que con ellas no van a poder.  Me acuerdo cuando yo estaba en la época menárq...

MIRAR LAS NUBES

Durante todo el año a Irene le encantaba mirar las nubes. Era su afición preferida. Muchas veces soñaba con que sus seres queridos iban volando montados encima de ellas. Incluso se daba cuenta que el día en que moría alguien muy especial, ellas se vestían de negro, tristes por el alma que había dejado la tierra.  Le encantaba subir a la cima de la montaña e inventar figuras de aquellas formas abstractas, que podían ir cambiando, de un caballo , de repente, se transformaban en dos gatos que jugaban entre sí.  Cuando iba caminando por la calle, se fijaba en el rumbo que tomaban, parecía que su corazón iba al unísono de la fuerza del viento que las transportaba. Su corazón se aceleraba cuando el viento del norte empujaba los velos blancos y formaba cirros, aquellos pequeños cristales de hielo que hacían que no se distinguieran unos de los otros, sino que un manto de tul la envolvía suavemente.  Lo que más le llamaba la atención era la perspectiva en el horizonte de cúmulo...

UNA VIDA APOCOPADA.

Hoy leyendo una entrada de mi hermano en facebook, en que ponía los códigos de vuelos, mi primo sacaba a relucir la palabra apócope. Y es curioso algo que hacemos continuamente todos los días, que escuchamos a todos los que nos rodean, cuando le llaman por su nombre no tenemos ni idea de lo que significa.  Ya desde pequeños acostumbramos a los niños, santos inocentes que nos imitan en todo lo que hacemos a abonar esa ley que tanto se utiliza: o sea la LME: Ley del Mínimo Esfuerzo. Si por casualidad le hemos puesto a nuestro hijo el nombre de Fernando, es ideal llamarlo Fer... Es tan largo... que entre que lo llamamos y le decimos lo que pretendemos de él hemos perdido un tiempo muy preciado. Yo misma no me salvo de la quema. Mi marido se llama Albert (dos sílabas) y si quiero decirle algo deprisa le llamo AL... Si hasta para decirnos palabras cariñosas apocopamos. Nos decimos cari , en vez de cariño... y ostras , hasta queda casi más bonito.  Pues a lo que íbamos nos pasamos...

UNA FLOR EN EL CULO

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Este fin de semana, en una charla entre amigos, una amiga muy querida por mí les decía a los demás que yo tenía una flor en el culo. Mira por donde, aquella frase se me ha quedado grabada como motivo para mis reflexiones. Aunque verdaderamente, muchos son los motivos, acciones  y acontecimientos que me hacen filosofar en esta vida. Pero, esta me hizo especial gracia. Y es que tiene toda la razón del mundo.  En un primer momento, al analizar la frase puede parecer un poco inmunda, porque claro que crezcan flores en un lugar tan poco gentil es como poco apropiado. Pero, claro, pensando otro poco, que en un terreno poco fértil salgan petunias (por poner un ejemplo) , es como poco para sentirse halagado y afortunado. Fijémonos en otra frase parecida: "mear colonia", el frasco no es el más glamuroso, y además se aplica a alguien que pensamos que es más bien repelente. Aunque Guardiola le diera después ese toque personalizado que le otorgó que mear colonia es hacerlo todo bien....

LAS PELÍCULAS DE ANTES...

Esta mañana me desperté y mientras tomo mi desayuno, miro las novedades del facebook . Es como una rutina matutina. De repente veo una foto que llamó mi atención. Era de una escena de "Historias de Philadelphia" cuya protagonista Kathernine Kephurn he admirado toda mi vida. Me trajo bonitos recuerdos, de ratos tranquilos frente a la televisión, siendo yo muy pequeña, lo que me llegaba a atraer el cine. Era todo muy mágico. Aquella pantalla en blanco y negro transportaba a una niña de poco más de ocho años hacia otros mundos, lenguajes muy cuidados, eduación exquisita, comedia romántica que dibujaba sonrisas.  Es curioso como la calidad impera sobre la cantidad, eso siempre. Películas como esa se han quedado en mi retina y recuerdo con precisión muchos de sus diálogos, gestos de los personajes y reacciones que seguramente han formado parte del desarrollo de mi personalidad. Películas como "Esplendor en la hierba", "La fiera de mi niña", "Adivina quién...

FINAL DE CURSO.

Un año más llega para mí un final de curso. Ya son varios en mi carrera, pero cada año son especiales. Es una mezcla de alegría por el esfuerzo y trabajo realizado. Son recuerdos que se añaden a tu especial tesoro de la memoria histórica de tu vida. Son personas que han pasado por tus manos y que tienes el orgullo que algo de ti se habrá quedado en ellos. Hoy caminaba despacio hacia la escuela y era consciente de cada paso que daba. Me gusta ese paseo que hay desde mi casa al colegio. Me gusta la calle por la que paso, con sus baldosas levantadas; te obligan a que vayas más despacio. Y en ese pequeño margen de tiempo (tengo la suerte de trabajar a cinco minutos de mi casa) , te da tiempo de rememorar otros momentos, de otros compañeros, de otros alumnos, de otras escuelas... En el tren de la vida en qué viajamos hay personas que nunca olvidarás por la huella que te dejan. De otras, quizás olvidas el nombre, y hasta su cara. Cómo resumir cerca de veinte años de tu vida... en tan sólo ci...

FANTASIAS SEXUALES DE UNA MUJER DE MÁS DE CUARENTA.

Eran más de las ocho, cuando Inés se disponía a cerrar su pequeño negocio, ese que le permitía derrochar imaginación durante todo el día. Hace poco más de un año decidió abrir su propia tienda dónde hacía manualidades hechas con tela: libretas forradas, toallas bordadas, muñecas personalizadas, bolsos, etc. Era consciente que nunca se haría rica de aquella manera, pero se sentía satisfecha viendo la cara de felicidad de sus clientes cuando podían llevarse regalos que iban con la personalidad de cada uno. Incluso ayudaba a la gente a que realizasen con sus manos, aquel detalle que iba impregnado de amor para el ser querido a quien iba destinado aquel presente. Lejos estaba aquel trabajo en una fábrica dónde todo eran frustraciones, rutinas y acatar mandatos de gente poco preparada emocionalmente.  Cerró cuidadosamente su establecimiento, y le dijo adiós hasta dentro de tres días ya que llegaba un largo fin de semana. Se miró en el escaparate de su tienda. Tenía ya 47 años, sus mano...