DAR SIN RECIBIR

Llevo unos días pensando en una frase que he escuchado esta semana que me hace filosofar, quizás un poco más de la cuenta.
Todo venía a cuento, a raíz de una conversación sobre los regalos de navidad. Que muchas veces nosotros nos esforzamos en regalar presentes estupendos adaptados a la personalidad de aquella persona en concreto. Nos pasamos del presupuesto que en un principio teníamos pensado. Que hemos disfrutado pensando en la cara que pondrá el remitente del regalo. Todo perfecto. Misión cumplida. La frustración venía después cuando nosotros mismos no somos objeto receptivo de tanta dedicación.
Mi argumento radicaba que uno es mucho más feliz cuando regala sin esperar nada a cambio. Y entonces surgió la frase en cuestión. Alguien me dijo que un profesor de la Universidad dijo esta frase lapidaria: "El que piensa que dar sin recibir nada a cambio es bueno, tiene un grave problema psicológico". Y aquí es donde aparece mi debate interno. ¿Tiene razón este noble docente? A base de mucho pensar llegué a la conclusión de que es verdad, que tiene algo de razón, siempre y cuando sepamos analizar ese pensamiento. Cuando era pequeña no podía entender cuando mi padre me decía que prefería un beso mío a cualquier regalo. ¿Cómo podía conformarse? Mientras nosotros en reyes teníamos un montón de cosas, él veía tranquilamente la televisión comiéndose con ganas un polvorón. Y no parecía infeliz. Son imágenes que se te quedan para siempre. No estoy de acuerdo en que la ecuación tenga que ser siempre X=Y. Está claro a nivel material. Este año cuando en mi trabajo hicimos el regalo de amigo invisible recibí un pañuelo que no me gustó demasiado, pero al cual tampoco le dí importancia, ya que el verdadero regalo ya lo había recibido anteriormente. Y es que con mis palabras sinceras había hecho llorar de emoción a una persona muy querida por mí. Con la ilusión con la que hice la tarjeta dónde dibujé un árbol de navidad poco a poco ( cosa rara en mí) , impregné gotas de purpurina que deseaban ilusión, ternura y esperanza. Con mi letra de estar consciente de lo que escribía (ya sé que tengo muchos tipos de letra según mi estado de ánimo), le deseaba sumar alegrías y restar penas. Con aquello ya tuve suficiente. Mi regalo, por muy bonito que fuera, tiene un lugar lúgubre en mi armario. Con el paso de los años, quizás se me olvide si lo compré yo o me lo regalaron. En cambio, la cara de esa persona jamás se me olvidará en la vida. El día a día , nuestro estrés, nuestra ansiedad hace que no nos podamos detener y expresar lo que nos importa cierta gente que forma parte de nuestra vida, que es como nuestra segunda familia. Decididamente tengo un grave problema psicológico (este entre otros). Pero quizás lo he heredado de mi padre. Prefiero comerme un polvorón mirando la tele, que tener un collar de Armani. Eso sí, que no falte el mantecado y mejor si tú me lo regalas.

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