COREOGRAFIAS

Ayer hablando con una amiga comentábamos el hecho del alucinamiento general que nos produce ver a esas parejas fantásticas que nos deleitan en las sesiones musicales de los hoteles. Bailarines que saben coordinarse a la perfección les echen lo que les echen, ya puede ser un tango, un pasodoble, un chachachá o una rumba. Y es curioso, que los hay en todas las latitudes, da igual dónde se sitúe el hotel. También es la misma la cara que se nos pone a los que no sabemos otra cosa que movernos como nos dicta la música; o sea cara de boquiaiertos absurdos, que piensan : "Seguro que van a bailes de salón", o tal vez  "Estoy convencida que el hotel les paga la estancia para que hagan de relaciones públicas". Lo que pasa es que más de una vez consiguen que no te levantes de tu poltrona, por tal de no hacer el ridículo, o como mucho sacas a bailar a tu tierno hijo de nueve años para que te haga de pareja, y así tienes la excusa que si alguien te mira puede pensar: "Oh, qué estampa tan mona". Pero seamos realistas. A nosotros nadie nos mira, al menos si no llevamos algo estridente de vestir. Que esa es otra, porque los entrañables danzantes van siempre impecables por lo que al vestuario se refiere. Casi siempre conjuntados. Ellos con camisa esmeradamente planchada y ellas con un vestido de fiesta divino. Con lo cual todavía queda más marcada la diferencia, pues tú al hotelito , más que nada por aquello de la comodidad, te has traído algo "casual". 
Y pensando, pensando, me ha venido a la cabeza uno de mis últimos retos. Resulta que el otro día en la piscina, cuando estaba nadando ( único deporte que se me da algo bien), miraba con cierto aire de envidia (lo reconozco) como en el piso de arriba estaban realizando una coreografía genial, en la cual se simulaba que estaban dando puñetazos y patadas. Luego he sabido que a eso se le llama Body Combat. Pensaba en la mucha adrenalina que se debe gastar en esos ejercicios y lo más importante , imaginar que seguro que hay alguien a quién le dedicarías esa tremenda patada, aunque sea en plan ficticio , porque seamos sinceros, no me atrevería ni a matar a una hormiga. Todos iba a una, todos se movían hacia el mismo lado y movían sus puños al unísono. Ufff ¿Sería yo capaz de aprenderme algo así? Luego miraba hacia la piscina de abajo ( la de agua calentita), donde estaban haciendo aguagym. El ritmo era totalmente diferente, digamos como lo diría... menos efusivo. A la monitora, de vez en cuando se le escapaba alguna risa, y no era para menos, porque era el revés de la moneda, allí la coordinación brillaba por su ausencia. Me pregunté a qué grupo me gustaría pertenecer. Hablé con una amiga y me ha dicho que para mi cumpleaños me hará el regalo de acompañarme al body combat. Ya veremos si me atrevo al final, o quizás me vaya planteando asistir a alguna clase de aguagym.

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