ESCUCHAR

Qué bonita palabra esa de escuchar , y en qué peligro de extinción se sitúa actualmente. Estamos muy preocupados actualmente por leyes imperiosas de educación llenas de palabras como evaluación, revalidas, exámenes... tan vacía de otras expresiones como diversidad, ilusión, multiplicidad, igualdad. Y una de las que falta, sin duda, es la de escuchar. 
Toda ley que se impone sin escuchar a las personas que sí estamos involucradas en el trabajo diario que supone educar a un niño, está destinada a ser un fracaso. Palabra que siempre sale a relucir, el fracaso escolar es muy grande en España. Es cierto. Pero el fracaso social lo es mucho más. 
Y qué bonito es eso de escuchar. Se da uno cuenta de tantas cosas. Ahora mismo, mientras escribo estas letras, de fondo estoy escuchando como los gorriones cantan en los árboles que dan a mi balcón. Para ello, tengo que ser consciente que eso está ocurriendo, y ser sensible a lo que me rodea. 
En general, no sabemos escuchar. De esa manera, no podemos acertar a ser empáticos con las personas que nos rodean. Que necesitan en cada momento, cómo debemos de actuar, si aquel que tenemos enfrente necesita un abrazo y no una retahíla de consejos. 
En mi escuela hemos empezado este año un bonito proyecto cuyo nombre es "Escolta'm" . Es una clase de tutoria individualizada, donde los niños hablan de su vida, de sus emociones, de sus sentimientos, de las conductas de los otros que les afectan especialmente. La maestra en este caso actúa de guía y en la mayoría de los casos se dedica solamente a escuchar, sin juzgar, empapándose de todo lo que son los niños, lo que llevan por dentro. Y te sorprendes como criaturas de seis años tienen una riqueza personal impresionante que hace falta desarrollar al máximo. 
El saber escuchar, por tanto hace falta enseñarlo desde pequeño, como instruimos para sumar, leer o escribir. 
A estas sesiones vienen como máximo tres alumnos, ya que es lo ideal para crear un clima de intimidad y a la vez de diálogo. 
Pero, con todo ello, quiero replicar que este trabajo se traspase a casa. Estamos demasiado cansados con nuestras cosas para escuchar a los que nos rodean. Pero es tan bonito, que todo queda en un segundo plano. 
El viernes tuve que estar con mi hijo cuarenta minutos hablando con él sobre lo que le parecía una injusticia. Él me gritaba y yo cada vez le hablaba más bajo, hasta que el tono de voz bajó cada vez más. Al final la conversación acabó en un abrazo y en " eres la persona que más quiero en este mundo". 
No dejemos de escucharnos. Quizás esa persona que tienes al lado, ahora quiere que le des un beso sin más. O le toques la mano. Aprendamos a leer miradas, a escuchar silencios, a romper barreras. 
Feliz lunes. 

Comentarios

  1. Qué razón tienes, querida amiga. Un besazo enorme y sigue haciéndonos reflexionar con tus entradas

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    1. Gracias querida amiga. Para mí es un lujo tu comentario.

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